Luzía Sonríe...

Si las pulgas hablaran, picarían menos.

La vida junto a los microorganismos.

La microbiología me fascina y me parece una de esas disciplinas que de verdad han marcado un cambio en nuestra sociedad y en nuestra calidad de vida. Aunque los microorganismos patógenos son los que más impacto tienen en nuestras vidas, la realidad es mucha la repercusión positiva que algunos microorganismos ejercen sobre nuestra vida y la de otros seres vivos. Esta primera publicación es simplemente introductoria, abordando un poquito de historia y algunos conceptos interesantes relativos a la microbiología, en concreto al «mundo bacteriano» que es con el que más afinidad siento. Espero que disfrutes, pero sobre todo despertar el interés por la micro.

Divulgación científica
Lo que escribo

Hablemos de microorganismos, especialmente bacterias. Sí, de los que transportamos en nuestra piel, tejidos o intestinos. Forman parte de nosotros, aunque no seamos capaces de verlos por su pequeño tamaño. Visto así, puede darnos un poquito de grima, pero la realidad es que sin ellos, no seríamos lo que somos. Ni el planeta funcionaría como lo hace.

Sabemos que nos rondan diferentes microorganismos, mejor dicho, todo está cubierto por ellos. Y los que más nombramos en nuestro día a día son los virus y las bacterias, que a veces confundimos, pero no tienen nada que ver entre sí.

Un virus es un microorganismos intracelular compuestos por ácidos nucleicos y proteínas y de unos nanómetros de tamaño (muchísimo más pequeños que una bacteria) que depende de otra célula para desarrollar su ciclo vital. Necesitan la maquinaria de otra célula para reproducir su material genético y así expandirse e infectar nuevas células. No es poca cosa… No todos son perjudiciales, aunque es en la consulta del médico donde más nos hablan de ellos y donde más controversia se genera cuando nos mandan a casa sin tratamiento, como mucho paracetamol, a pasar el malestar que tenemos. Los antibióticos a los virus no les hacen nada de nada y ese tipo de infecciones son autolimitadas en el tiempo.

Aunque hablaremos de resistencia a antibióticos con más detalle, ya te avanzo que si tomas un antibiótico cuando no lo necesitas lo único que se consigue es que haya más probabilidad de que las bacterias se vuelvan resistentes a él y, en un futuro, deje de funcionar. Quizá ahora mismo no parece muy relevante. Sin embargo, para una persona inmunodeprimida que una bacteria se haya vuelto resistente puede ser o es su sentencia de muerte.

Hecha la cuña de las resistencias a antibióticos, si tienes curiosidad, aquí tienes un enlace a National Geographic para algunos virus por medio de la microscopía electrónica. Aunque a mí, los que más gracia me hacen son los bacteriófagos, que parecen más bien naves espaciales que otra cosa. ¿No es fascinante la naturaleza?

Imagen de un bacteriófago (microbioblog)

Las bacterias son organismos procariotas unicelulares ampliamente extendidos que tienen unos pocos micrómetros de tamaño. Estas células procariotas están compuestos por una membrana plasmática, una pared celular, unos ribosomas en el citoplasma, entre otros, y un nucleoide, donde se reúne su material genético, pero, a diferencia de nuestras células eucariotas, no tienen un núcleo diferenciado. Pueden adquirir diversas morfologías (cocos, bacilos, espirilos…) y son células relativamente sencillas y, generalmente, colonizan los diferentes espacios, ya sean nuestros tejidos, la tierra, los alimentos, etc.

Si bien dentro de las bacterias existen algunas que son patógenas para el ser humano, la mayoría, de la gran cantidad que hay, son inocuas o, lo que es más importante, beneficiosas para nuestra calidad de vida. Gracias a las bacterias que nos colonizan, sobre todo en nuestro tracto gastrointestinal, nuestro organismo es funcional y, cuanto más saludable sea la microbiota existente, mejores son nuestras digestiones, la calidad de nuestra piel, menor riesgo de infección… aunque este tema está en pleno auge.

Las bacterias nos habitan, nos protegen, sintetizan vitaminas, nos ayudan a digerir los alimentos, estimulan positivamente nuestro sistema inmune y son fundamentales para nuestro desarrollo. Si nuestros epitelios están colonizados por bacterias beneficiosas, esos espacios difícilmente serán colonizados por otros microorganismos oportunistas o patógenos. Simplemente, porque no hay espacio, los recursos son limitados y muchas veces las bascterias que habitan un lugar están más especializadas o adaptadas a esas características que otras bacterias oportunistas. Sin embargo, a veces recurrimos necesariamente (o no…) a los antibióticos para poder tratar determinadas infecciones y estos tratamientos se llevan por delante parte de nuestra microbiota, que es ese conjunto de microorganismos que nos habitan, y deja espacio libre para otros microorganismos menos agradables, como pueden ser bacterias patógenas o parásitos.

Los que tenemos la fortuna de vivir en un país «desarrollado», somos unos privilegiados en cuanto esperanza y calidad de vida, donde el tratamiento de las enfermedades tiene un gran porcentaje de éxitos. Vivimos más de lo que en realidad podemos y esto es debido a la mejora en la higiene y la salubridad de nuestro entorno y nuestros alimentos, incluyendo el agua, a las vacunas y a los antibióticos, entre otros elementos.

Y gran parte de este avance es gracias a los avances en el estudio de la microbiología. Su historia es fascinante, de película. Solo tenemos que imaginarnos en una época donde la gente enfermaba, igual que ahora o más, pero que no sabía la causa ni se la podía imaginar. Simplemente, muchos morían de lo que ahora para nosotros es un simple resfriado que ellos trataban de curar con ritos, cantos o hierbas. Incluso a veces, con un aislamiento estricto y severo, con expulsiones o condenas. Algo pasaba, algo se intuía, pero en algunos momentos se atribuía al comportamiento al tipo de «alma» del moribundo, nada que ver con la realidad.

Cuando a Antoine van Leeuwenhoek (1632-1723) le dio por crearse sus microscopios caseros de aumento que le permitieron ver más allá y descubrir sus «animálculos» diminutos, la cosa empezó a cambiar lentamente. Lo curioso es que este hombre era comerciante de telas, pero su obsesión por las lentes le permitió ver lo que en aquel momento ningún hombre podía y su interés fue a más, analizando todas las muestras que se le ocurrían, desde agua y tierra a muestras de su propio cuerpo. Imagínate, sacar una muestra de tu boca y descubrir que algo vive en ella. Sus descubrimientos eran descritos con gran acierto en una serie de cartas que enviaba a la Real Sociedad Científica de Inglaterra. Si en esta época que vivimos, con todos los avances científicos y tecnológicos que tenemos, todavía hay personas que rechazan la realidad, ¿cómo sería vivir en aquel momento? Quizá mejor que ahora, porque la gran mayoría de la sociedad ni se enteraba y por tanto no opinaba. Bastante tenían con sobrevivir. Sin embargo, los descubrimientos relativos a los microorganismos y su capacidad infectiva seguían viéndose como gran escepticismo, incluso por los propios estudiosos de la época.

Carta de Leeuwenhoek. Osorio Abarzúa, Carlos G.. (2020). Leeuwenhoek y sus animálculos. Revista chilena de infectología37(6), 762-766. https://dx.doi.org/10.4067/S0716-10182020000600762

Poco a poco, todos los conocimientos iban sumándose y se asumía que un elementos que no se podía ver a simple vista mataba a la gente y, en muchos casos, se transmitía de unos a otros a una velocidad alarmante, sin saber cómo hacer frente al enemigo invisible. Y no ha sido hasta hace relativamente poco, que se aceptó la teoría microbiana de la enfermedad.

Tras una pandemia reciente, podemos hacernos una idea de lo que pudieron suponer para la sociedad Medieval la pandemia de Peste bubónica que asoló Europa durante un siglo. «¿Qué nos está matando?» sería la pregunta más repetida. La peste ya había aparecido en otros momentos de la historia, allá por el año 541-543, pero la irrupción de esta enfermedad entre 1348 fue brutal, generando miedo, incertidumbre e indefensión en todos los estratos sociales. Nadie se podía escapar a esta zoonosis (enfermedad transmitida por un animal a un humano), ni ricos ni mucho menos los pobres. Pero, en aquel momento, el abordaje de la enfermedad se basaba en teorías divinas y fundamentalismos, lo que aún agravaba más la situación porque no se podían tomar las medidas oportunas para frenar, dentro de las posibilidades, el avance de la infección. La capacidad observación del ser humano y su necesidad por encontrar explicaciones lógicas y coherentes hizo que algunos grupos trataran de encontrar argumentos científicos para lo que estaba ocurriendo, pero no sería hasta el siglo XIX que se pudiera dar una explicación microbiológica al caso. Hoy día sabemos que la peste está producida por un bacilo llamado Yersinia pestis cuyo huésped principal es la pulga Xenopsyla cheopys que parasita algunas ratas. Que fácil parece ahora… Sociedad medieval, higiene cero, plaga de ratas (lo que se consideraría un animal de compañía por aquella época) cargaditas de pulgas infectadas por el bacilo… ¿Sabéis lo insaciables que son las pulgas? Pues pican que dan gusto cuando tienen hambre y suelen tener hambre frecuentemente.

Traje que vestían los médicos que trataban algunos de los enfermos de Peste Bubónica.

Actualmente, sigue habiendo brotes de peste en el mundo, que son controlados gracias a la vigilancia y la aplicación de un tratamiento efectivo administrado a tiempo. Para esto sirve la ciencia, la investigación, el trabajo realizado durante siglos por unos pocos investigadores conocidos y millones de investigadores anónimos que dejan sus vidas por aquello que les obsesiona y les mueve solo para aportar su granito de arena a esta montaña del conocimiento.

Si has llegado hasta aquí, muchas gracias por leerme, por unirte a mí en esta primera publicación introductoria y acompañarme en este tema tan fascinante. Sé que la historia de la microbiología está bombardeada sobre todo por la parte clínica, que ha sido la que por desgracia más impacto ha tenido en la vida de las personas. Pero, los microorganismos son mucho más que generadores de enfermedad, son fundamentales para la vida en este planeta, son necesarios para nuestro funcionamiento corporal y son un eslabón clave para el equilibrio del medio natural y animal. Las bacterias están ahí antes que nosotros, tanto las inocuas como las que nos causan algún perjuicio. ¿Por qué no conocerlas un poquito más? Espero saber despertar tu interés por este micromundo que a mí tanto me fascina.