Luzía Sonríe...

Si las pulgas hablaran, picarían menos.

Ay, melón…

La necesidad de ser aceptado nos lleva a veces a tratar de perdernos por el camino de ser otra persona. El miedo al rechazo es muy traicionero y, a algunas personas, nos ocupa mucho espacio de nuestras vidas.

Lifestyle
Lo que escribo

Hace muchos años leí una poema japonés que hablaba de un melón que quería ser un tomate, o algo así. El melón se empeñaba en ser quien no era. Jamás sería rojo ni redondo. Era verde y «apepinado». Y a pesar de su tamaño y buen sabor, él no se aceptaba así. Como buen haiku, aunque traducido al español, era bastante corto y escueto, pero me impactó. Yo era ese melón. Desde entonces, hay muchos momentos donde, a modo de recordatorio, dentro de mí me surge el pensamiento «melón, no pretendas ser tomate…».

Ser lo que no soy es un camino sin salida. Lo he recorrido alguna vez y por eso sé que llega un momento donde te topas con una pared inmensa de ladrillo y no hay más recorrido que darte la vuelta y deshacer tus pasos hasta la senda de inicio. Aún así, a veces, siento la tentación de desviarme, pensando que ser de otra manera será mejor que ser yo misma. Y si lo cuento así es porque sé que no soy la única a la que esto le pasa. No siempre somos del todo conscientes de ello, hasta que te topas con el ladrillo y ahí ya empiezas a darte cuenta de cosas…

Con cada uno de mis escritos, y con esto me pasará, siento una inseguridad tremenda, tanta que a veces llega a bloquearme. Siento miedo al rechazo, siento vergüenza de mí misma y de aquello que hago, siento que no soy lo suficientemente buena y la ansiedad crece, tanto que me ahogo, que no doy pie con bola. Con cada escrito que no borro después de publicarlo me reafirmo a mí misma que está bien ser así, como soy. Que está bien expresarme, correr el riesgo de equivocarme y rectificar, aunque siempre trato de ser lo más reflexiva posible antes de lanzar un mensaje. Sin embargo, también se puede acertar, ¿no? Porque esto también pasa y no se mide en cuánta gente alcances, sino cuán profundo llegas a una sola persona. Y, tú que me lees, quizá alguna vez te has sentido como yo.

Decidí exponerme, decidí expresarme tal cual soy y trato de ser fiel a mí misma cada día, aunque no me resulta fácil. Mucha de mi energía se deriva a frenar la ansiedad que me grita que me esconda, que huya, que pare. Y escribir sobre ella, me ayuda a aceptarla. Esto que lees es la ansiedad materializándose en palabras a través de mis manos. Es así. ¿Para qué ocultarla? Ya no me avergüenza sentirlo.

Yo soy una persona como las demás, con miedos, con vergüenzas, con errores y defectos, algunos conocidos por mí y otros por descubrir. Con una vida imperfecta, pero de la que me siento muy afortunada y agradecida. Y si algo bueno tengo es que me gusta avanzar, reflexionar y tratar de ser buena persona. Lo intento. Trato de ser coherente y fiel a mis valores, trato de desarrollar la empatía y ponerme en el lugar de los demás, aunque esto siempre es más fácil cuando has experimentado alguna situación semejante. Y esos valores positivos los quiero cultivar dentro de mí cada día, porque es lo que me permite vivir en calma. Mi objetivo no es ser mejor ni peor, solo quiero ser yo sin sentirme mal por ello.

Aceptar lo que somos no siempre es sencillo. Porque hay partes de nosotros que no nos gustan o porque tenemos miedo al rechazo, a no encajar, a sentirnos ese muñeco roto con el que nadie quiere jugar. A veces pasa. Y algunas partes de nuestro ser se pueden modificar, pero otras no. Un melón podrá ser más sabroso, más grande, más verde, pero jamás podrá ser un tomate. Y está bien. El melón está bueno… aunque siempre habrá ensoñad con alergia o con preferencia por otras frutas.

Hay días que me pierdo intentando ser quien no soy, me escondo por miedo a no gustar, me avergüenzo de mí misma sin motivo y eso me hace sentir triste y mi energía tengo que dirigirla a calmar mi ansiedad para poder estar bien conmigo misma.

Y, últimamente, me he tenido que repetir a mí misma lo mismo más veces de la cuenta: Sé el mejor melón que puedas y quiérete así, tal cual, pero sin pretender convertirte en tomate, por muy atractiva que parezca esa vida. Si no soy la fruta que he venido a ser, el mundo se perderá todo el sabor que puedo ofrecerle, sin importar a cuántas personas guste, sino que a las que llegue, me recuerden con cariño.

Para mí no hay mayor éxito en la vida que conseguir ser yo misma, tal cual, sin más, sin olvidar que aceptarse no significa resignarse ni conformarse, solo partir desde el condimento de lo que somos realmente, para, así crecer de una manera más sólida.

Es posible que alguna vez te hayas sentido así, solo espero te sientas acompañado por mí.

Gracias por leerme.