8.3.2018
Esto me gusta y no hablo del cuadro. Hablo de lo que él me dibuja por dentro, de las emociones que me genera y hacia dónde me dirige. Esto me gusta y no es por el cuadro, es por la persona en la que me convierte.
Son trazos sobre un papel en blanco que redibujan mis pensamientos, que me vuelven inmaterial, que me atrapan cada vez más, como si hubiera tocado el cielo. Esto me gusta, y ya… no es el cuadro. Yo no soy quien lo crea, me crea él a mí en cada momento. Me redefine, me borra y reencaja si es necesario, me devuelve a la realidad, lección de humildad en mis anhelos, me baja a tierra si floto. Un reto constante entre risas. Un ansiado reencuentro.
Te juro que no es por el cuadro. Es por las horas de conversación entre él y mi alma, sin que nada interrumpa, danzar sin coreografía, sentir sin miedo, como cuando te enamoras. Son horas de entrega sin pedir nada a cambio, sin expectativas, ni deseos. Sólo el rato entre nosotros, lo que él quiera mostrarme, lo que yo quiera dibujarle. Sentir admiración y no hacia la forma que haya adquirido, eso es solo grafito y papel, sino a lo que ha significado, el camino recorrido, lo aprendido, lo reflexionado.

Y la verdad es que esto me gusta tanto… Me gusta entender que la vida se trata con mimo, que uno puede redibujarse y redefinirse sin miedo. Detallar. Atreverse, equivocarse y aprender.
Y ya no es por el cuadro, no, es por la exposición sin miedo de quien soy. De encontrar una manera de hablar sin palabras. Una tormenta de afecto con lluvia fresca sobre la piel, sentir que el alma se te escapa del cuerpo como una explosión de luz. Como agua de mar sobre la desnudez, nada falta ni nada sobra. Sólo él y yo sin necesidad de palabras, sin capacidad de explicarlo. Es esa sonrisa que se te escapa sin poder evitarlo.
Esto me gusta… tanto…
Luzía Sonríe…
